La filosofía, entre otras disciplinas humanísticas, se está desplazando cada vez más de los currículos de nuestros sistemas educativos. Como consecuencia, se está empobreciendo el espacio educativo destinado a la reflexión crítica sobre la vida, sobre el mundo, sobre nosotros mismos y sobre los demás.

Esta situación se torna crítica en la medida en que el alumnado pierde la posibilidad de aprender a repensar su sistema de valores y su cultura de manera crítica y, en vez de esto, lo que hace es reafirmar el sistema social, cultural y político incluso cuando éste es torpe, nefasto o injusto con los seres humanos y con el resto de seres sintientes que habitan en el planeta. Ante este escenario, la filosofía se presenta como una actividad necesaria, en tanto que herramienta esclarecedora, a practicar ya desde la educación infantil.

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