Su cuerpo yacía en medio de la carretera. La vi moverse, parecían espasmos. No me atrevía a acercarme; no sabía cómo había ocurrido ni por qué había decidido arrollarla. Pero ahí estábamos: ella tendida, apagándose, sangrando, sufriendo; yo inmobilizada, asustada, y, de alguna manera, involucrada.

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