Ida camina lentamente, yendo y viniendo sobre sus mismos pasos, por la amplia estancia orientada al oeste. La cola de su vestido negro acaricia la alfombra que, una y otra vez, es maltratada por los finos tacones de sus zapatos. Sus manos, entrecruzadas, rascan en un movimiento involuntario el vestido a la altura del ombligo -La angustia habita en el vientre.

Seguir leyendo